A los 26 años: la inquietud de construir algo propio
Tenía 26 años y trabajaba como empleado en una empresa. Mi trabajo me parecía adecuado, pero no llenaba el 100% de mis aspiraciones. Sentía que podía hacer algo más y que era posible comenzar a construir un proyecto propio sin abandonar inmediatamente la estabilidad que me entregaba mi empleo.
En esos años estaba surgiendo con fuerza la industria de los videoclubs en Santiago de Chile. Vi cómo funcionaba un videoclub en otra comuna y apareció una pregunta muy simple: ¿por qué no hacer algo parecido en Ñuñoa?
Primero observar, después invertir
Antes de comprometer dinero, busqué un local en arriendo que pudiera servir para este tipo de negocio. Una vez identificado, recorrí muchas cuadras alrededor para comprobar si existían videoclubs o competidores cercanos.
Hoy probablemente hablaríamos de validación de mercado. En ese momento, para mí era simplemente una forma lógica de disminuir el riesgo antes de invertir.
Mi empleo no fue un obstáculo: fue parte de la plataforma
Una de las lecciones que con el tiempo adquirió mayor importancia es que buena parte de los recursos necesarios para iniciar el negocio surgieron precisamente del entorno donde yo trabajaba.
Conversé con dos compañeros de trabajo y decidimos convertirnos en socios. Parte del financiamiento también se consiguió a través de otras personas vinculadas a nuestro lugar de trabajo, que aportaron recursos para poner en marcha la idea.
Como los propietarios continuábamos trabajando como empleados, necesitábamos a alguien que pudiera atender el videoclub. Contratamos a una persona de confianza, pariente de uno de los socios. Además, identificamos dentro del mismo entorno laboral a una persona que podía colaborar part-time en la actividad comercial, promoviendo el arriendo de películas entre personas de su propio lugar de trabajo.
Sin haberlo diseñado con ese nombre, estábamos haciendo algo que años después se transformaría para mí en una idea central: emprender sin renunciar. Nuestro empleo no solo nos entregaba ingresos y estabilidad; también nos proporcionó socios, acceso a financiamiento, personas de confianza y una primera red comercial.
La puesta en marcha y el crecimiento
Con la oportunidad identificada, comenzamos a ejecutar. Elaboramos los estatutos de la sociedad, arrendamos el local y adquirimos las primeras películas que formarían nuestro inventario.
El negocio comenzó a crecer rápidamente. Durante los primeros meses aumentaron los clientes, los arriendos y el inventario. Después de siete u ocho meses, la situación financiera era muy buena y todo indicaba que habíamos construido un emprendimiento exitoso.
El día en que cambió el negocio
Entonces ocurrió un evento que modificó completamente la situación: sufrimos un gran robo. Nos sustrajeron aproximadamente el 80% del inventario. En un videoclub, las películas eran el activo que generaba los ingresos. Perder esa proporción del inventario significó que nuestra capacidad de facturar mediante arriendos cayó prácticamente en la misma magnitud.
El riesgo de robo sí había sido previsto. Teníamos contratado un seguro. El problema no fue la inexistencia de cobertura, sino el tiempo.
Una empresa rentable también puede quedarse sin aire
La compañía de seguros demoró varios meses en pagar la indemnización. Mientras esperábamos, el negocio debía seguir pagando sus gastos, pero ya no contaba con el inventario suficiente para producir los ingresos que había generado anteriormente.
Quedamos bajo el punto de equilibrio y, sobre todo, nos quedamos sin capital de trabajo.
Rentabilidad y liquidez no son lo mismo. Un negocio puede tener clientes, ventas y ser rentable, pero entrar en crisis si no dispone de liquidez para atravesar un período adverso.
La decisión de vender
Finalmente decidimos vender el videoclub a una persona que estaba dispuesta a aportar capital fresco y que, por lo tanto, podía sostener la operación mientras se recuperaba el inventario.
La decisión tuvo además un componente personal importante. En ese período resolví dedicar mi tiempo a realizar un posgrado full time en Economía. Continuar operando directamente el negocio y asumir simultáneamente esa etapa de formación resultaba difícil de compatibilizar.
Por eso, la venta no fue solamente una reacción al robo. También fue una decisión sobre dónde quería invertir mi tiempo y mi energía en la siguiente etapa de mi vida. Meses después, cuando finalmente se materializó la indemnización del seguro, recuperamos una parte importante de la inversión inicial. Para entonces, el negocio ya había sido vendido.
Lo que me dejó mi primer emprendimiento
Mirándolo con la perspectiva de los años, aquel videoclub fue mucho más que mi primer negocio. Fue una escuela práctica de emprendimiento.
Me enseñó a observar un mercado antes de invertir, a buscar una oportunidad concreta, a formar una sociedad, a conseguir financiamiento, a organizar una operación que pudiera funcionar mientras yo seguía empleado y a utilizar inteligentemente las redes que ya tenía disponibles.
También me enseñó algo menos agradable, pero probablemente más importante: prever un riesgo no significa necesariamente estar protegido de todas sus consecuencias. Nosotros habíamos previsto el robo y teníamos seguro, pero no habíamos resuelto completamente el riesgo financiero provocado por el tiempo que podía transcurrir entre el siniestro y la indemnización.
Para comenzar a emprender
no siempre es necesario renunciar.
En mi caso, mi empleo fue precisamente una de las plataformas que hicieron posible mi primer emprendimiento. Muchos años antes de usar la expresión “Emprende sin renunciar”, la idea ya estaba ahí.
¿Quieres evaluar tu propia idea?
En una sesión gratuita de 20 minutos podemos revisar tu situación actual, la oportunidad que estás considerando y tu disposición real para comenzar un emprendimiento en paralelo.
Solicitar mi sesión gratuita de 20 minutos →